Gala Met
Hace algunos días se volvió a celebrar la gala, benéfica, Met 2026. A esa gala, de alta costura, asisten todo tipo de personajes públicos de relevancia artística de cualquier tipo. Diseñadores/as, actrices y actores, cantantes, artistas, empresarios e, incluso, deportistas. Son celebrities, personas famosas que suelen vivir en un pedestal. Que tienen posibles y pueden permitirse el lujo de vestir con prendas caras. …

Autor de la foto: Suply (https://swinxy.me/photography/)
La moda es un arte. La principal distinción de la gala es el traje que luce cada cual. Gandhi terminó por vestirse con solo un trozo de tela blanco y poco más. Solía andar descalzo.
Mi madre siempre me contó que el hombre más feliz del mundo no tenía camisa, vivía en lo alto de una montaña y no tenía nada a su alcance, solo su libertad y el aire que le mecía los cabellos.
Cuando veo este tipo de eventos, sean de la índole que sean y se den donde se den, siempre me acuerdo de Robert Alman y su película, ineludible, llamada Prête-à-Porter. Altman dirige una cinta inquietante, con un elenco enorme de actrices y actores. Críticos muchos de ellos. Con esta sociedad rocambolesca que mezcla desesperación con divinidades. La escena final de la película lo dice todo. Las modelos van cubiertas por la moda más linda del mundo, la más extraordinaria. Ninguna. Porque la moda, simplemente, es un espejismo, una de tantas absurdidades humanas.
Cuenta Thoreau en Walden que las empresas textiles no buscan vestir a las personas, buscan ganar dinero. El diseño de alta costura no busca ningún arte, no es ningún arte, nada que nos llene nuestras vidas, pues… tan solo busca llenarse los bolsillos con el mayor número de dinero y a espensas de la soberbia de algunas personas incautas.
Es triste ver este tipo de espectáculos bobos, donde la gente se cree diosas o dioses. Y sin embargo, son meras marionetas de su propia ignorancia. Unos espectáculos que viven, obviamente, del interés de personas traicionadas por ser más, por ser como esas marionetas insensatas. Quizá sea momento de concretar lo que vemos y tener un mínimo de toma de conciencia de la realidad.
Salud.
El Veredicto
Veredicto Final es una de las grandes joyas del cine de todos los tiempos. Digan lo que digan muchos críticos reticentes. Es de esas pocas películas que te dejan el cuerpo estremecido, pese a la, en ocasiones, interpretación manida de Newman, quien aquí, no obstante, protagoniza un papelón. …
Frank Galvin es un fracasado, un perdedor, un alcohólico, un deshecho de la sociedad. Un abogado añoso que se arrastra por los entierros de personas para captar algún cliente.
La película (de la 20th Century Fox, 1982) empieza con una jugada en la máquina de Pinball. Sin música. En silencio. Con el ruido de la bola al golpear en los entresijos del artefacto. Galvin juega otra partida más.

Porque la vida es un juego. A veces macabro. Donde las partidas se suceden unas tras otras. Muchas de las veces acompañadas de la corrupción humana. Porque eso es, precisamente, a lo que se dedicó toda su vida Sidney Lumet, a denunciar la corrupción humana. Siempre y en todos sus filmes. Veredicto Final es, desde mi modesta opinión, la gran película de Sidney Lumet, un realizador que Hollywood no premió. Y que tuvo que usar el Oscar honorífico para darle el reconocimiento que se merecía. Lumet es uno de mis tres directores de cine favoritos, junto a Mankiewicz y Curtiz. Y siempre teniendo a Frank Capra fuera de toda clasificación y como el más grande.
La película no consiguió ningún premio Oscar. Todos se los llevó Gandhi. Más por su significación ética que por la valía cinematográfica. Aquel año, 1982, fue de películas especiales y de enorme calidad: Tootsie, Desaparecido, La decisión de Sophie, E.T., Oficial y Caballero, Victor o Victoria, Frances, Mi año favorito, El mundo según Garp, Tron, Blade Runner, Poltergeist, El Submarino, Annie, En busca del fuego, y alguna película más. Volver a Empezar ganó para España el Oscar más importante de todos los tiempos. Y el gran Mickey Rooney obtuvo el honorífico. Esta enorme producción cinematográfica da idea de lo difícil que fue ganar un reconocimiento en la académica norteamericana. Aunque… sigo pensando que Veredicto Final fue la mejor película de todas ellas.
Lumet y Galvin sumergen al espectador en una gran charca social, con un empiece maldito y con un actor destrozado por su pasado y por su conciencia. Galvin no es una persona cualquiera. No. Él creía en la decencia humana y por eso se vio destrozado y encarcelado en la calle más inhóspita y enlodada. Luego, ya no pudo rehacer su voluntad; la bendita droga bebible hizo el resto. Sin embargo, Lumet le da una oportunidad, quizá la última, para resurgir y luchar por todo aquello en que creyó.
Veredicto Final nos muestra la corrupción de las instituciones, de las personas. Las instituciones, al fin y al cabo, son personas. Desde la abogacía hasta la judicatura, pasando por una entidad moral sublime y religiosa, un enorme profesional comprable (y comprado=untado por dinero manchado), y una familia que solo quiere acabar con todo y salir airosa y con dólares en la cuenta corriente. Las personas se pueden comprar. Algunas no. Galvin pudo aceptar aquel cheque con muchos ceros, pero, contraviniendo a toda lógica y a su código deontológico, no lo hizo.
Siempre digo que las películas que merecen la pena no son compuestas con músicas de fondo. Ni Mankiewicz ni Curtiz la utilizaban, Lumet tampoco. El silencio de las escenas de Veredicto Final es sobrecogedor. La exquisitez de los diálogos, de las interpretaciones, de la adaptación del guión (de David Mamet) es inolvidable. El dinero tiene la capacidad de corromperlo todo, pero, en ocasiones, queda una conciencia digna que dice NO. Que se rebela contra ese veneno que cada día enferma más a la sociedad, ubicada en el lugar que sea. Frank Galvin es un héroe. Lumet un maestro. Al que deberíamos recurrir para darnos cuenta de que sin un cambio, todo seguirá igual. Gandhi se hubiera puesto muy contento si el Oscar a mejor película se lo hubieran dado no a él sino a Frank Galvin.
Salud.
El Ruido de Raúl del Pozo
Lo conocí, como muchos otros millones de personas, por la televisión. Mi madre lo llamaba el hombre del pelo blanco. “Qué bien habla este señor”, decía ella. A mí me gustaba también su discurso y su forma de describir las situaciones. Era una persona morigerada, comedida, de buen gusto, crítica, y que hablaba con una suavidad incisiva. …
Al cabo de unos años, me casé con una de sus sobrinas. El amor de mi vida y la mujer más increíble que he conocido jamás. A ella la conocía desde la adolescencia. Siempre soñé con su imagen. Y luego tuve la suerte de compartir la vida juntos. Poco antes de la aciaga noticia del 10 de marzo, cumplimos las bodas de plata.
A Raúl lo conocí, personalmente, en la boda del hermano de mi mujer. Allí, y después de un pequeño cónclave familiar, él me soltó: “Muchacho, hemos decidido que eres válido para mi sobrina, puedes casarte con ella.”. Y me casé años después. Su bendición no la he olvidado. Con una sonrisa sincera, una pizca de humor y grandes dosis de cariño. Raúl era un tipo apuesto, galán, desprendido, educado, amable, que nunca olvidó sus orígenes.

En las pocas reuniones familiares, Del Pozo, que coincidimos, siempre tomaba la voz y pronunciaba un discurso. Todos los presentes le atendíamos callados y con interés. Él era el mayor de los cuatro hermanos, el que pudo ir a estudiar a la universidad. La jerarquía, algo que ahora ni se menta, siempre ha sido una ley en la familia Del Pozo. Todos respetábamos a Raúl, la cabeza visible. Yo con un punto mayor de emoción, pues siempre he sido una pieza advenediza y no merecía siquiera estar allí. En esas reuniones nos decía que nunca olvidáramos nuestro origen humilde, y que con esfuerzo y tesón podríamos alcanzar nuestras pretensiones. Estas palabras tampoco las he olvidado. Unas palabras bañadas de tranquilidad y asentamiento.
Vivió la vida. Disfrutó de ella. Él habitaba en su mundo del periodismo, la exposición social, la literatura, los intelectuales, la televisión y los diarios. Tenía un hechura única, un discurso propio, y una amabilidad incontestable. Nadie vi que le tosiera. Decía lo que pensaba y todos lo respetaban. Puso un mote, Bambi, a un presidente de gobierno, y muchas personas siempre lo conocieron así: Bambi; ETA le puso una bomba en casa y salió ileso; escribió en un diario liberal y nadie le reprochó nada; colaboró en un programa de televisión atrevido y a él siempre lo ensalzaron. Raúl tenía una virtud.
O muchas. No lo sabría decir. Su pluma era diferente, señera, alicatada por pensamientos que solo él podía conformar. Todas nos hemos instruido con su escritura. Frases y palabras. Recuerdo muy bien algunas de las palabras que he aprendido de él, por ejemplo gineceo y garitero. Siempre aprendiendo del maestro y el rey del periodismo en España, como muchos lo calificaban con acierto. Nunca fue para menos.
Mi suegro, su hermano, Jesús (Jesusito como lo llamaban cariñosamente. Descanse en paz también), me contó en una ocasión que Raúl afirmaba que nunca le iban a dar un sillón en la RAE porque cometía faltas de ortografía. A Raúl no le movía nadie ni una coma en sus artículos. Para eso era consiliario del periodismo. El mayor concurso literario de España le dijo que le concedían el premio finalista, dotado con no sé cuántos miles de euros. No aceptó. Él nunca fue un segundo plato y jamás lo sería. Y jamás lo fue. Si debían darle un premio, que se lo dieran, pero un pseudopremio, no. En su vida le llovieron premios y reconocimientos. No cabría el listado en este artículo. Él mismo fundó el premio de periodismo Raúl Del Pozo.
Nació el mismo día que Ava Gardner y que Jesús de Nazaret. Solía recordar esta coincidencia. Un 25 de diciembre, en Mariana, Cuenca. Se llamaba igual que mi padre. Y el amor de su vida tuvo el mismo nombre que su cuñada, mi suegra, la esposa de su hermano Jesús. Esas casualidades tiene la vida.
Nunca te olvidaremos, tío Raúl.
Salud.
El Club de los Cinco
El Club de los Cinco (The Breakfast Club) es una película de culto y épica del realizador (especialista en estas lides) John Hughes.
Narra el encierro, por castigo, de cinco adolescentes.…

<Estimado Sr. Vernon:
Aceptamos el hecho de que hemos tenido que sacrificar todo un sábado en castigo por lo que sea que hayamos hecho mal. Pero pensamos que usted está loco al querer que escribamos un ensayo diciéndole quiénes creemos que somos. Usted nos ve como quiere vernos: en términos sencillos, con las definiciones más convenientes.
Hemos descubierto que cada uno de nosotros es un cerebro, un atleta, un caso clínico, una princesa y un criminal.
¿Eso responde a su pregunta?
Sinceramente suyos: El Club de los Cinco>.
Esta es la carta mítica que esos cinco adolescentes escriben como contestación a su captor, un profesional de la docencia en un instituto de secundaria.
La mayor característica de la juventud se ve reflejada, fielmente, en esta cinta: la rebeldía.
También se refleja eso que tanto anhelamos los que hace tiempo perdimos la virginidad de una edad: la ilusión por descubrir el mañana.
Este apasionante film, magistralmente dirigido y ejecutado, es nostálgico, ilusionante y lleno de una felicidad pretérita que añoraremos siempre con empeño y esperanza, y que jamás debimos perder. En el pasado se encuentran los recuerdos, que en el presente dibujamos en nuestra memoria. La ilusión es la gasolina que mueve nuestra voluntad. La juventud la tiene a raudales. Nunca menospreciemos a nuestros jóvenes, porque ellos poseen esa esencia (quinta quizás) que nos proporcionará una vida sin límites.
Espero que disfrutéis de la película igual que siempre la he disfrutado yo.
Salud.
Los Magos
“Los magos hicieron un gesto y desapareció la hambruna, hicieron otro gesto y desapareció la injusticia, hicieron un nuevo gesto y se acabó la guerra. Los políticos hicieron un gesto y acabaron con los magos.” Anónimo.…
Esta magia es el esfuerzo de las personas para avanzar en la vida. Porque sin esfuerzo ¿cómo se podría lograr todo lo que poseemos y nos permite vivir en paz?
Hay personas malas (nunca me cansaré de decirlo) que detestan a los magos, no los desean, por ello ejercen una tiranía indecente e intolerable.
Pero hubo, y hay, personas que siempre lucharon porque esa magia fuera válida y compartida por todas y todos. Los parásitos no tienen cabida en una sociedad. Démonos cuenta de ello.

La decisión está en nuestras conciencias, conductas y acciones. Ustedes pueden conseguirlo.
Salud.
Pippi Langstrump
Siempre digo que hay tres amores en mi vida. Tres mujeres. Mi madre, mi mujer y mi hija. También digo que según el Tao, la mujer es una entidad más importante que el hombre. Tao, mujer, hombre. Quizá sea por esto por lo que me produce tanto asco el machismo, cuya denuncia hemos de aceptar y aguantar los hombres.…
En la década de los 70 del siglo pasado, la televisión pública española emitió una serie de televisión muy popular, llamada Pippi Langstrump (aquí Pippi Calzaslargas). La serie se basa en las novelas de la autora sueca Astrid Lindgren. Cuenta la vida de Pippi, junto a sus amigos Tommy y Annika, dos hermanos. Ella vive sola, con un mono y un caballo, en una casa heredada. Y tiene una fuerza sobrenatural.

Hace poco, yendo con nuestro paseo dominical bicicletero, dimos con un mural que decía algo así como: “Puedo vivir sola”, y que poseía el rostro de Pippi.
Quien me conoce, sabe que pienso como Alicia y Carroll. Creo en todos los días del no cumpleaños. Incluso en el del cumpleaños, añadiría yo. Porque todos los días son. Ninguno nos sobra. No creo, por tanto, en días de la mujer, de la No Violencia, o del colectivo LGTBIQ+. Porque todos los días son de la mujer, contra el machismo, contra la violencia o de respeto a las inclinaciones personales de cada cual.
Pippi es símbolo de la lucha por la igualdad entre hombre y mujer. Símbolo, ¿exagerado?, del feminismo. Del combate a esas actitudes machistas obscenas y asquerosas. Si todos los días hubiera una Pippi enfrente de esos desgraciados que se empeñan en ser machistas, el día sería bastante mejor.
Salud.
Entrevista 24 de noviembre de 2025
Mejías Walston, licenciado en periodismo, por Columbia 1986.
Quedo con el escritor M.A. Olaya la tarde del 24 de noviembre de 2025. Nos conectamos vía remota con un cliente Zoom.
–Buenas tardes, Olaya –él quiere que lo llame así.…
–Buenas tardes, Mejías.
–Gracias por atenderme.
–No hay de qué. Y soy yo, por supuesto, quien le agradezco su deferencia de querer hacerme una entrevista.
Cabeceo. Y continuo.
–¿Olaya es su verdadero nombre o es un personaje? -él sonríe.
–Yo comencé a escribir en el año 1994, cuando acabé la carrera universitaria.
Le interrumpo:
–¿De ingeniero?
–Sí -me confirma-. De ingeniero. -Vuelve a sonreír. No quiere delatar qué carrera cursó-. Pero como le decía. Cuando acabé la carrera, me dedique, durante un tiempo, a escribir artículos de opinión. Uno de ellos se titulaba “Obra o autor”. En él desmenuzaba esta dicotomía. Y la conclusión, para mí, fue que lo más importante era la obra, no el autor. Por eso utilizo un personaje. Da lo mismo la autoría, lo que importa es la obra.
–Ya… Entiendo. ¿Desde cuándo lleva escribiendo novelas?
Él pone una pausa. Calculando. Luego contesta.
–Pues dudo, pero yo creo que mi primera novela, “Los Caballeros”, la escribí poco después de empezar con los artículos. Yo diría que en el año 1995.
–¿30 años escribiendo? -me sorprende la longura de su tiempo en la escritura.
–Bueno -vuelve a sonreír-, intentando escribir. Que no es poco.
–Sí, claro. La escritura es complicada -él asiente-. Y entonces, llega un buen día, un diciembre de 2024, y publica su primera novela, «33” y una Eternidad».
–Exacto. Así fue.
–Un título de esos extraños, ¿no cree?
–Quizá. A mí me es cercano. 33”.
–¿Le gusta utilizar esa abreviatura?
–Siempre, me parece una familiaridad adecuada -ahora sonrío yo. Su respuesta es graciosa. Olaya utiliza el lenguaje de un modo ocurrente. Destila un humor concreto y sutil.
–¿Qué es 33”? -voy directo a la materia.
Olaya vuelve a dudar. Su respuesta ha de ser importante. Sobre todo si se es un escritor indie y novel como es él.
–Bueno, yo creo que 33” es una aventura en sí misma. Una aventura que contiene muchos ingredientes, y no solo piezas de un puzzle que el lector ha de ir desgranando y luego colocando. 33” es una historia coherente, que sorprende y que descubre sorpresas. Es una novela negra inmersa en un thriller de ciencia ficción. Con una historia de amor bonita entre dos protagonistas que se necesitan, y no saben cuánto. Y a todo esto, 33” añade un buen número de personajes. Cualquiera de ellos tiene un provecho personal que podemos apreciar. Lo que más me importa en mis novelas son los personajes y sus formas de ver la vida.
–Vaya… sí que lo ha dicho del tirón y con garbo.
–Bueno, la Garbo era una gran artista, yo solo soy un escritor modesto.
Este comentario me arranca una sonrisa. Él también sonríe. Continuo.
–Modesto pero que escribe muy bien.
–Eso lo dirán las lectoras y los lectores. No yo.
–A mí me parece que usted escribe bien, dejémoslo ahí. Fluido, fácil, atractivo, y con mucho suspense. Mucho. Siempre el suspense…
–Del maestro Hitchcock, claro.
–¿Ha visto todas sus películas?
–No. Solo unas pocas.
–¿Cuál es su preferida?
–”Rebecca”, sin duda. Y luego “Los Pájaros”.
–¿Psicosis? -le cuestiono.
–No, siempre he detestado el cine de terror. No puedo con él. Y aunque Psicosis no sea de terror, nunca he podido ver la película.
–Entiendo.
Otra pausa. Le pregunto de nuevo.
–¿Por qué recomendaría leer 33”?
–Porque es una novela innovadora, entretenida, escrita decentemente, con misterio hasta el final, con una historia de amor. Mi mujer siempre me dice que una novela sin una historia de amor no es una novela. Le hago caso -genera una mueca amistosa-. Además, 33” posee un elenco de personajes que esconden un fondo muy jugoso que no nos podemos perder. También revela un componente de crítica social de peso. La ambición del hombre no tiene límites. Bueno, sí, tiene un límite, la naturaleza. Y aquí queda muy de manifiesto esta cuestión.
–Es usted tajante y directo, ¿no le parece?
–Quizá. Influencia de mi autor predilecto, J.G. Ballard. No sé, he de resumir la novela. -E introduce una pausa. Quiere agregar un comentario.
–Pero dicho todo esto, sí que me gustaría subrayar algo que para mí es imprescindible. -Crea un paréntesis-. Cuando mucha gente me pregunta por qué leer 33” antes que otros libros, poco puedo argumentar al respecto. Tengo un respeto absoluto por el resto de autoras y autores que cada día escriben una historia con enorme ilusión. Y eso me encanta. Crear lecturas es un tesoro que debemos cuidar. Por ello han de ser las lectoras quienes tomen una decisión. Olaya solo es un escritor más que intenta ofrecer historias de provecho.
–Son bonitas sus palabras.
–Gracias -él incluye un gesto de morigeración.
–Ahora hábleme de usted, ¿quién es Olaya? Para que sus lectoras (personas, como dice él) lo conozcan un poquito más. Vuelve a sonreír.
No contesta de inmediato. Se toma su tiempo.
–Olaya es una persona corriente, que ha tenido la suerte de poder leer durante toda su vida. Mi padre leía mucho, siempre que podía. Mi madre también, aunque muy lento, porque a ella nadie le enseñó a leer. En mi casa había unos pocos libros. Yo me saqué el carné de la biblioteca municipal porque no teníamos dinero para comprar más libros. Solo los compraba mi padre y porque tenía un pariente que trabajaba en Plaza & Janes, le hacían descuento. Con ese carné saqué un montón de libros. Los leía gratis. Toda mi vida leyendo, la verdad.
–Y va y se casa con la sobrina del mejor periodista de España en estos momentos y uno de los escritores más afamados de su país.
–Sí, cierto. Mi tío Raúl.
–Que se llama igual que su padre, encima -me había enviado una pequeña biografía suya antes de la entrevista.
–Vaya que sí. Qué casualidades tiene la vida. Siempre con sorpresas.
–Raúl Del Pozo -le instigo.
–Nacido en Mariana, Cuenca -me contesta.
–¿Qué supone para usted Raúl Del Pozo? -pone cara de nostalgia y seriedad.
–Mucho, ciertamente. Raúl es un referente en mi escritura, y un referente en la vida. En las pocas reuniones de familia en que he asistido, siempre decía que no olvidáramos de dónde veníamos. La familia Del Pozo tiene un origen humilde, sencillo, de un pueblecito que nadie conocía. Ahora sí, por él. Y recordaba que con esfuerzo, tesón y fe en uno mismo, podíamos conseguir nuestros objetivos. El más importante era estar juntos a una mesa, con felicidad.
Detiene el discurso y piensa, quiere añadir algo más.
Continua.
–Sí, le debo mucho a mi tío Raúl. Pese a la lejanía de Madrid (Raúl vive en Madrid) y pese a que mi relación con él es distante, porque su mundo es otro al mío.
–¿Será el sucesor del gran Raúl Del Pozo?
–No lo sé. Ojalá que sí. Pero esa suerte será muy difícil porque el listón lo ha colocado demasiado alto. Y además, tengo primos, quizá de ellos sí que llegue alguno a su nivel.
Lo miro con cariño desde la pantalla remota del Zoom y cambio de asunto. Vamos a por cuestiones personales.
–¿Cuál es su color preferido?
–El azul, por supuesto. ¿Se nota? -sonríe de nuevo.
–Su imagen, su marca, ¿siempre en azul?
–Sí.
–¿No le da miedo? Lo digo por sus comentarios en redes. Comentarios políticos me refiero.
–No, no me da miedo. No creo en colores ni en posiciones políticos.
–Entonces, ¿en qué cree?
–En la voluntad de las personas. En que serán las personas mismas las culpables de sus logros y de sus fracasos, como muy bien dice el profesor Sen en 33”.
Una pausa…
–¿Por qué el color azul? -insisto.
–De joven tuve un profesor que nos decía que las personas nunca mirábamos al cielo, lo cual era cierto. Desde entonces, cada mañana que me levanto, miro al cielo. Y allí veo ese azul porcelana tan suave y vistoso. Es un privilegio que todas podemos obtener, pero que con las prisas, las cuitas, el progreso, los trabajos, las puñeteras pantallas…, no somos capaces de contemplar. Es una pena no disfrutar de ese azul tan maravilloso.
–Ya… ¿Se considera usted un romántico?
–En absoluto. No lo soy. Sin embargo, creo que la vida es una oportunidad romántica por la que hay que luchar. Cada día, cada hora, en cada ocasión. Por eso suelo poner esta frase en las redes: “Sin miedo a la vida”. No debemos tenerle miedo, pero sí respeto. Un respeto que debemos extender a los demás.
–¿Qué le da miedo en la vida?
–Nada. Vivo de regalo. Solo me queda disfrutar de ella.
–¿De regalo? -no entiendo su respuesta.
–Sí. He sufrido dos accidentes de tráfico mortales en mi vida. Salí casi ileso de ambos. Con secuelas, pero ileso. Por tanto, veo la vida de una forma diferente. Todo lo que me llega es un añadido, un regalo que me es fácil disfrutar. Quizá juegue con ventaja respecto a la gran mayoría de personas.
–Vaya, sí que es curiosa su visión de la vida, sí -él cabecea y no dice nada. Yo sigo con mi plan de preguntas.
–¿Cuál es su libro favorito?
Detiene el rictus y se pone a pensar. No lo tiene claro, deben haber muchos libros. Al cabo de unos segundos contesta.
–Pues no lo sé. Porque tengo en mi biblioteca muchos por leer y que quiero leer, y porque hay muchos otros por descubrir. Aunque si se refiere a los que he leído ya, pues es complicado. Elmer Gantry es un libro colpidor, que dirían en mi tierra. Pero siento una debilidad especial por el libro de James Hilton “Lost Horizon” y su Shangri-La, por la película de Capra. La película me marcó de pequeño.
–Son sin duda dos libros potentes -él asiente. Prosigo.
–¿Y cuál es su película favorita?
–Hay muchas, muchas emocionantes, como estas dos anteriores, claro. Que son libros y películas con solera. Sin embargo, a mí me impresionó una película y no sé por qué, su nombre es “Ordet”, traducida en España por “La palabra”, del maestro Dreyer. Un realizador que en estos días nadie conoce. Ordet es una película distinta, única, tremenda, te sube la adrenalina sin poder evitarlo. A mí me ocurrió así. Aunque, y para serle franco, hay otra obra cinematográfica que me llena el alma siempre y que no puedo dejar de lado. “Casablanca” -pone cara de nostalgia.
–Y dice que no es un romántico -ambos sonreímos.
Prosigue él.
–Por cierto, “Casablanca” tiene un detalle muy curioso. Después de la película, se hizo un libro del guion y se envió a un montón de editoriales. Solo unas pocas, muy pocas, quisieron publicar el manuscrito de quizá la historia más bonita del cine de todos los tiempos.
–Lo cual nos hace pensar que publicar un libro es muy complicado. ¿No es así?
–Cierto.
–¿Cómo va la promoción de 33”?
–Ahí va, con la lentitud de un caracol -sonríe-. Soy un escritor novel e indie, ingredientes soberanos para complicar la difusión de 33” bastante. Pero no me puedo quejar. La novela va, que ya es mucho. Y quien la lee no se queda indiferente. Me han dicho de todo sobre ella.
–Pues cuente, cuente… -le pico.
–Cómo es usted, Mejías.
–Curioso, como la vida misma -y suelto una carcajada. Él también.
Nos centramos.
–Pues sí, de 33” cuentan desde que es machista hasta que es un texto enrevesado. También que es asombroso. Que tiene ritmo, suspense y dosis de ciencia ficción bien hilada. Pero lo que más me dicen es que está escrita decentemente, que es una de las cosas más importantes para mí, que al menos esté bien escrita. Alguna persona le ha cogido cariño.
–Eso está bien. Cogerle cariño a una obra debe ser el mayor triunfo para usted.
–Sí.
–Pero lo del machismo lo llevará fatal, ¿no?
–Muy mal. Porque 33” no es una novela machista, para nada. Todo lo contrario. Muestra actitudes machistas para ser criticadas desde abajo hasta arriba. Para mí es intolerable el machismo. También cualquier tipo de clasismo e iniquidad. Y a las mujeres hay que respetarlas, tanto como a los hombres. Ni más ni menos. Pero como dice muy bien Herbert Mills (uno de sus personajes en otra novela: “Deseos Humanos”), a la mujer hay que ayudarla porque el hombre utiliza su posición predominante para someterla. Y por ahí no paso. Todo abuso es despreciable.
–Vamos acabando, que se ha hecho larga la sesión -Olaya vuelve a sonreír.
–Ha sido corta, ¿no? -su puntito de ironía… Ahora sonrío yo.
–¿Por qué se decidió a escribir? Y con esto ya acabamos. Otro día, más.
Se toca la oreja izquierda y se concentra, lo veo en su mirada.
–Empecé a escribir porque quería inventar historias. Luego, y más tarde, porque necesitaba plasmar mis ideas, las que iba recopilando de mis torpezas y de mis errores. También de mi persistente manía por recordar a tres autores que descubrí en la asignatura de filosofía en el instituto: Rousseau, Platón y Kant. Luego conocí a Nietzsche y a otros por mi cuenta. También porque, y quizá, con los golpes que me di en la cabeza en esos dos accidentes de tráfico, veía la vida de otro modo, y quería que la gente pudiera observar esa vida plácida y honesta en la que yo creo. Mis escritos tienen, siempre, dos objetivos, entretener al lector y ofrecerle una dosis importante de información en la que pensar. Una información que, desde mi opinión, es necesaria para avanzar hacia una mejora en nuestras vidas.
–No es poco, no… Dispara alto, Olaya.
–No lo sé. Me siento en deuda con el mundo. Y lo digo de corazón. La vida me dio una segunda oportunidad, y la única forma de pagar esa deuda es intentar que la gente tenga otra segunda oportunidad para vivir más feliz. Soy un privilegiado y estoy obligado a intentar difundir ese privilegio al resto de personas. Pienso que la lectura, leer, es un camino interesante y efectivo para avanzar en la vida y acceder a un estatus de felicidad. Porque al final, ser feliz es lo más importante en la vida.
Su alegato final me deja parado ahora a mí. Olaya lo ha dicho con sentimiento. Sí. De verdad que sí.
Me quedan muchas preguntas en el tintero, pero no da para más esta entrevista.
–Pues muchas gracias por atenderme, Olaya. Le deseo lo mejor en su carrera literaria.
–Gracias a usted, Mejías. Gracias.
Y aquí acaba la entrevista.
Mejías Walston, licenciado en periodismo por Columbia.
29 de octubre de 2025. Hace un año de la Dana en Valencia. No Olvidamos, No Olvidaremos, No vamos a Olvidar
Hace casi un año de aquel fatídico día. Donde, como ya conté en un artículo anterior, salvé la vida de milagro porque recorrí la CV-400 aquella tarde pocos minutos antes de la llegada de la riada, que ya había devastado municipios como Aldaya, Alacuás, Torrent, Picanya y Paiporta. La CV-400 son unos 5 kms de linde hacia la Albufera, donde media el núcleo de un buen puñado de municipios, que, obviamente, también fueron arrasados por el agua. Alfafar, Sedaví, Massanassa, Catorroja, Benetusser, Albal y Beniparrell.…
El pasado sábado 25 de octubre, el pueblo valenciano volvió a alzar la voz contra los gobernantes que no hicieron demasiado para salvar las vidas de esas valencianas y valencianos que se vieron asediados por un torrente de agua sin parangón. A la voz de “Mazón Dimisión” se manifestaron libremente en la ciudad de Valencia.

Mi buen amigo Rubén había planificado, junto a su familia y amigos, un excepcional Halloween aquel año 2024. Iba a pasárselo en grande durante el fin de semana, con una ilusión sin precedentes para él. Era feliz contando esos planes. Lo cual me alegró sobremanera. Sin embargo, esos planes se vieron truncado de cuajo. El vivía, junto a su familia, en La Torre. La Torre, aquella tarde funesta, fue devastada, borrada del mapa, por la riada. Lo perdió todo. Aunque pudo salvar la vida y a su familia, lo más valioso que tenía.
Miles de valencianas y valencianos perdieron bienes, ilusiones y la fe que tenían en la gobernanza de nuestra tierra. Hubo también muertes, cientos, demasiadas (una sola muerte ya es demasiado), el mayor fracaso de la vida. Porque el desastre fue mucho más grande de lo que toda España pudo ver y oír por los medios de comunicación. Y puedo decir, sin miedo a equivocarme, que lo contado por el compañero Posteguillo en el Congreso de Diputados se queda muy corto. La desolación después de la DANA fue indescriptible. Cadáveres en la calle, coches apilados, edificios destruidos, barro ingente, cañas por doquier, y un silencio demoledor. Nadie vino a auxiliar a los damnificados, porque los que debían auxiliar, algunos habían fallecido, y el resto salvaron sus vidas de puro milagro. Y en todo caso, la catástrofe fue tan vasta, que no pudieron hacer más.
Mi hermano, como muchas otras personas, acudió como pudo, el 30, a buscar a su pareja, que vivía en Massanassa. No pudo siquiera entrar al municipio, fue imposible. Las calles cortadas y selladas por cientos de amasijos metálicos golpeados y agolpados. El silencio reinaba y solo se oían llantos. Volvió de allí con lágrimas en los ojos y un odio tenaz en el corazón, lleno de impotencia. No había comunicaciones, no había teléfono, no había luz, no había policía, no había ambulancias, no había ayuda, no había… NADA. Ni en las novelas de J.G. Ballard se narró un desastre parecido al que ocurrió aquel día.
Pero…, Valencia es una tierra de valientes, su nombre lo indica. Las valencianas y los valencianos salieron a la calle, como siempre han hecho, para ayudar, para subvenir al prójimo, al vecino, al necesitado. Y muchas personas de toda España y parte del extranjero, personas buenas, también hicieron lo mismo, vinieron para arrimar el hombro. Yo pude ver toda aquella ingente marea de recursos que vinieron para levantar el desastre, para apoyar a los vecinos que no sabían qué hacer ante tamaño cataclismo. De Huesca, de Málaga, de Vigo, de Madrid, de Barcelona, de Murcia, de León, de Asturias, de Alicante, de Portugal, de todos los rincones. No hubo recriminaciones, todos quitaron barro y se ayudaron. No hubo ni colores políticos ni posiciones idealistas. Solo hubo concordia y esfuerzo. Qué raro de ver, ¿verdad?
Dije en un artículo anterior que me daba igual que el señor Mazón dimitiera o no. Lo dije y lo mantengo, porque serían las instituciones quienes lo juzgarían. Pero me dejé algo muy importante en el tintero. El pueblo es soberano, y el pueblo puso al President en el cargo, y ha de ser el pueblo quien lo quite si es necesario. Según las últimas encuestas realizadas, 3 de cada 4 valencianos desea su dimisión. Pero dicho esto, existe otra posibilidad más, nunca una diferente a estas dos. Que su conciencia, la conciencia del Sr. Mazón, le diga que obró mal aquella tarde, por las razones que fueran, y que debe pedir perdón, de una vez por todas, y dimitir. Por las personas fallecidas, por sus familias, y por todo el dolor que se pudo evitar si hubiera actuado con acierto. Sr. Mazón, jamás he pensado que usted deseara ni una milésima de mal a las valencianas y a los valencianos, eso está fuera de toda duda para mí. Pero sí se equivocó, señor mío. Se equivocó. Y no estuvo a la altura. Escuche a su conciencia y dimita.
Mazón, Dimisión.
Las aventuras de Priscilla, la reina del desierto
Hace unos días puede ver esta película del realizador Stephan Elliot, una película estrenada a finales del año 1994. No ha pasado el tiempo por ella.…
El film, un road movie, narra el viaje de tres personas del colectivo LGTBI+ hacia el centro de Australia, en busca de un bolo en un hotel. Las peripecias, obviamente, surgen unas tras otras. Es una realización sobria, correcta, incisiva, y que si hubieran cuidado tres escenas, sería posible de ver para todos los públicos. Ahora se queda para mayores de 12 años. Una pena.
Ciertamente, obrar un film de este estilo en el 1994 fue un atrevimiento grande. Tanto como la gran expectación y éxito que cosechó en taquillas y medios de información.
Priscilla es el nombre del autobús donde viajan estas tres personas, intrepretadas magníficamente por tres actores que construyen las vidas de tres drag queens. Un transexual, un gay que estuvo casado y un gay sin casar. Las vidas de ellas se perfila a lo largo de la historia. Con serenidad y certeza.

La película, obviamente, expone, tibiamente, el desprecio de parte de la sociedad a este colectivo, que llena de colorido la vida. Es muy llamativo el contraste de colores que imprimen las artistas a un desierto monótonamente ocre. Las vidas de las tres aparece tan normal como si no fueran del colectivo. Obviamente también. Porque son personas. Con el único “pecado” de ser diferentes de otras.
Recuerdo que hace unos años, los hijos de mis vecinos de atrás, y un día, decían: “Maricón el último, maricón el último”, o: “Maricón tú, maricón tú”. Niños de 10 años. Mis otros vecinos, una pareja de dos chicos encantadores, que cada día que me levanto doy gracias al destino por tenerlos de vecinos, oyeron los gritos. Estamos hablando del año 2023, treinta años después de la película. El clasismo, la homofobia, no se irán así como así. Porque esos niños no aprendieron tales expresiones en su casa; sus padres jamás las dijeron. Las aprendieron de su entorno infantil, donde hogares con padres homófobos, clasistas, las dijeron. Y así, la cuenta es complicada.
En Estados Unidos, y según el FBI y en el año 2023, más de 1 de cada 5 delitos de odio fue contra el colectivo LGTBI+. Pero es que encima, hay Estados que registran propuestas de normas contra el colectivo. Lo cual resulta como poco, triste. En Europa, las cosas no van tampoco viento en popa. Solo 9 países tiene una legislación integral que protege al colectivo. Y según la asociación ILGA, Europa ha visto un aumento de los delitos de odio contra personas LGTBI+. Las costumbres, las costumbres erróneas, son lo más difícil de cambiar.
Priscilla es una película que debe ser visionada. Cuantas veces se quiera, porque tiene un encanto especial que permite no aburrirse con el paso del tiempo. Aderezada por unas canciones icónicas del Dance de aquella época. Con una CeCe Peniston cautivadora y un Abba infinito. Queda mucho por hacer. Y la denuncia de los hechos es primordial.
Divertiros con ella.
Salud.
En Un Mundo Nuevo…
Yo nací un otoño del año 1970. En el seno de una familia humilde. Ese año nos representó, en Eurovisión, el gran Julio Iglesias, con una canción mítica: “Gwendolyne”. Al año siguiente, una joven con sonrisa constante, ojos color esmeralda y una gran ilusión en la mirada, cantó “En Un Mundo Nuevo” en ese mismo concurso. El siempre sonriente Torrebruno la llamó “Carina”, por tener esa expresión facial tan agradable.…

Ella cambió una letra y todo el mundo la conoció por Karina. Karina consiguió un 2º puesto en aquella edición, algo que el “gran” Iglesias no pudo alcanzar.
La canción de Karina, que en aquella época era una estrella de la música, habla de un mundo nuevo y feliz. Han pasado más de cincuenta años desde aquella proclama. Una proclama que toda Europa recibió con los brazos abiertos y confiados. Porque ella no hablaba de cambiar este mundo, no. Ella hablaba de cambiar a las personas que gobiernan este mundo, maravilloso, para hacerlo feliz.
Hoy llueven bombas sobre personas indefensas en Gaza. Y se impide que esas personas puedan alimentarse, en un acto despreciable. El honorable Trump justifica estas matanzas, y el responsable, visible y máximo, de estos hechos justifica el “todo vale” contra una injusticia anterior, que, evidentemente, fue un muy grave error de Hamás.
Los líderes israelíes que no cesan el desastre humano en Gaza traicionan a su enjundia libertadora, a su pasado, y a su pueblo. El pueblo israelí se avergüenza de estas matanzas (no deseadas por nadie) que se dan sobre civiles indefensos. El ejército israelí se ve humillado por tanto efecto colateral obsceno. Porque, pase lo que pase, yo siempre defenderé a los profesionales del ejército israelí, que no están de acuerdo con lo que las instituciones les están haciendo cometer.
Y mientras, el resto del mundo empieza a despertar. En la ONU, con tibieza. No es posible que unas pocas personas impidan que este horror siga su curso. A esas personas hay que convencerlas de que la solución es parar y llegar a un acuerdo, liberar a los rehenes, ayudar al pueblo palestino, y terminar con este desastre. Que será genocidio o no, no voy a entrar ahí. ¿Qué más da el calificativo?, si lo que ocurre es un desastre. Y así es.
Las acciones directas No-Violentas están más que justificadas. No hay justificación para ninguna violencia. Lo decían los grandes ductores de la humanidad: “Hay que acabar con cualquier signo de iniquidad, provenga de donde provenga”. Y es el pueblo de Israel, soberano, quien debe decidir, por supuesto. Por ello, las acciones directas No-Violentas contra el pueblo israelí deben despertarlo. Pues…, si Israel no participa en tal o cual evento, no es relevante, siempre puede participar en un evento interno. Si a un ciudadano israelí se le niega el saludo, siempre puede saludar a algún conciudadano. Y dicho esto, añado algo importante. Si un ciudadano israelí, sea el que sea (incluido su primer ministro) me pidiera ayuda que pudiera dar, yo le ayudaría sin pensarlo un segundo. Siempre. Aquí no se trata de herir a nadie, aquí se trata de no herir a nadie, precisamente. Sería fantástico poder ayudar a una persona israelita. Sin duda. Por eso, por este detalle, no es posible seguir así. La ofensiva militar israelí en Gaza debe cesar, los rehenes liberados, las armas depuestas, la ayuda a Palestina conformada de modo total, y que un canto llamado “En Un Mundo Nuevo y Feliz” coree en todos los rincones de este precioso lugar llamado planeta Tierra.
Salud.
Por qué no podemos esperar
Hace unos días aparecía la noticia, en prensa, sobre la desclasificación (por parte del gobierno norteamericano) de los papeles relativos al asesinato de Martin Lutero King Jr.…
King fue asesinado un 4 de abril de 1968.
Curiosamente, aparece esta noticia justo cuando estaba leyendo “Por qué no podemos esperar”, uno de sus libros emblemáticos, donde narra los sucesos de Birmingham, Alabama, en el año 1963.

“Por qué no podemos esperar” expone las razones de los negros de Estados Unidos para avanzar en los derechos civiles justos e iguales a los blancos. «No podemos esperar» se convierte en un símbolo universal de la lucha por los más débiles.
Hoy, siguen habiendo conflictos sociales de todo tipo. Guerras. Desastres humanos. Y desgracias humanas evitables. Cuando leía el libro, mi mente se iba hacia Gaza. Muchas de las citas de King se convierten en sangrantes afirmaciones sobre la catástrofe que se vive allí. King vuelve a decir lo que aprendió de Gandhi, que lo peor de las personas malas es el silencio de las personas buenas. El conflicto en Gaza tiene una solución muy simple: dos estados. Y No-Violencia.
No voy a caer en la trampa de culpar al pueblo israelí de ser responsable de este desastre. Por supuesto que no. Hamás ha actuado con violencia, justo lo que King siempre decidió evitar. Y los líderes de Israel contestaron con más violencia. Otro error mayor. Son, pues, unas pocas personas las responsables de esta locura.
No puedo creer que el pueblo de Israel esté de acuerdo con nada de lo ocurrido en este conflicto. Ni siquiera los profesionales del ejército israelí, que matan a civiles indefensos palestinos (y no palestinos) día tras día; en los efectos colaterales de una guerra que no es tal. Esos profesionales no pueden estar de acuerdo con esa violencia y con esas muertes. Porque son profesionales entrenados para el combate, no para matar a personas inermes que tan solo quieren vivir en paz.
El resto del mundo responde tibiamente. Y Estados Unidos hierve por dentro. Todas aquellas personas que recuerdan a King, o a los héroes de su independencia, tienen revueltas las tripas al ver la tragedia que se da cita en Gaza. King mismo hubiera llorado cada noche al ver esa tragedia. Una tragedia que debe arreglarse de inmediato. No podemos esperar. Gaza no puede esperar. Hamás debe liberar a los rehenes YA, sin condiciones. Y las fuerzas bélicas de Israel deben abandonar Gaza YA, sin condiciones. Hecho esto, solo quedará la reconstrucción pactada de la zona devastada. En un acto de No-Violencia sublime.
En el año 1947, un barco llamado Exodus llegó a las costas de la antigua Palestina, con refugiados israelíes maltratados por el holocausto nazi y repudiados por los británicos. Ese barco fue un símbolo para el estado judío. «No podemos esperar» era una necesidad de esas gentes. También lo es para las actuales gentes de Gaza.
Cada cual, desde su posición, debe actuar en consecuencia y denunciar esta locura para acabar con ella. Y cada vez son más las voces que No Pueden Esperar.
Salud.
Flamingo Road
Flamingo Road es una película del año 1949 dirigida por uno de los grandes realizadores de todos los tiempos: Michael Curtiz, quien selló, quizá, la película más considerada de la historia: Casablanca (1942). Flamingo Road es una película de culto, una película legendaria, que, pese a su edad, es tan joven como la actualidad misma.…
La cinta comienza con una voz en off, como era costumbre por aquella época. Esa voz nos dice que todas las ciudades tienen una calle llamada Flamingo Road, y no se equivoca. Flamingo Road es la calle del fasto, del dinero, del “Triunfo”, del ascenso a un lugar desde donde no se puede subir más. Curtiz, y acto seguido, da las explicaciones pertinentes.
El film está protagonizado por dos tiburones de la pantalla, una Joan Crawford rejuvenecida y un Sydney Greenstreet más avol que nunca.

La trama nos cuenta las aventuras amorosas de Lane Bellamy (la Crawford), sumergida en una sociedad marcada por las clases, que nunca cambiarán. A un Flamingo Road, se le contraponen un millar de calles sin nombre, baratas y que deben esforzarse para vivir. Esas calles, esas gentes, deben ser obedientes con el estatus que marca el jefe de la ciudad: Titus Semple (Greenstreet). Un Titus que se codea, obviamente, con los dorados vivarachos que marcan las líneas de la política corrupta.
Es realmente curioso cómo Curtiz retrata este mundo de la corrupción política (recuerdo: año 1949, ya ha llovido), con sencillez, evidencia, claridad, y una serenidad despiadada. En un garito de copas se cuecen los contratos con la administración, las mordidas, el infame vicio estructural de la sociedad, y, por supuesto, la colocación del senador y el gobernador del estado. Figuras claves para tener todo el sistema bien atado. Sorprende sobremanera cómo este film nos muestra el método de corrupción política que, por desgracia, estamos muy acostumbrados a ver en nuestros días. Uno de esos empresarios, corruptos e influyentes (Dan Reynolds), dice, en un momento de la película y a pregunta del futuro senador (quien se pregunta cómo es posible que él llegue a senador porque lo diga Reynolds, Titus y cía), algo parecido a esto: “Tú serás senador porque nosotros lo queremos, y porque la gente no se interesa en estas cuestiones, por tanto tienen lo que se merecen”.
La película está cuajada de frases punzantes, que muestran tanto la corrupción como la dejadez de las masas. No nos debe extrañar pues que casos como el actual “Koldo” (junio de 2025) gaseen con impropiedad las vidas ciudadanas de las personas. En nuestra mano está cambiar, pero, como indica Reynolds, la política no nos interesa y tenemos lo que nos merecemos.
Queda, por tanto, pensar, y reaccionar. ¿No?
Salud.
PD: la película está basada en el libro homónimo de Robert Wilder, y puede ser vista en estos días en algunas plataformas de streaming en internet.
Barbie
El 1 de junio de 2025 la televisión pública española emitió, en horario de alta audiencia y con gran promoción, la película Barbie (2023), de Greta Gerwig.…
Yo pude asistir a su estreno en España. Tuve esa suerte. El film batió récords de taquilla en todo el mundo y fue nominada a mejor película en los premios Oscar de Hollywood. Pero no ganó.
Lo cierto es que cuando me enteré de su estreno, pensé: “Otra película de muñequitas”. Sin embargo, Gerwing nunca tuvo la más mínima intención de crear una peli de muñequitas. Y como me ocurrió al ver Matrix, quedé ciertamente impactado por la valentía de la realizadora y su trabajo en este film.

A Barbie no le perdonarán nunca que dijera que ciertos dorados vivarachos financian a los acólitos institucionales más influyentes. Esa frase quedará para la historia del cine y se hará todo lo posible para que quede enterrada.
Barbie muestra, sin tapujos, con elegancia e inteligencia, el machismo y el patriarcado de gran parte de nuestra sociedad actual. Y eso escuece en algunos culos masculinos. No, no gusta nada. Por eso no es de extrañar que en los cientos de comentarios (masculinos) que he leído sobre la peli, siempre aparezca la descalificación y que solo merece la pena verla por la rubia (la sublime Margot Robbie). Este hecho da muestras de lo denunciado en el film.
Pero tanto Barbie como Gerwing aciertan, y los Ken secundan este acierto. Gran mayoría de hombres quieren mujeres barbies, obedientes y sumisas, guapas y concupiscentes, que no se rebelen y que sean parte del relleno placentero de sus vidas. Nuestra sociedad es así de simpática. Y la revolución de la mujer sigue su curso. Queda ya menos. Sobre todo la frontera que atañe a la conciencia que hay en cada hombre sobre este asunto. Muchos han cambiado, pero la mayoría no. “The time is now”, que decía Bernie Sanders. O lo que es lo mismo y decía Martin Luther King: “¿Por qué no podemos esperar?” Pues porque hemos esperado ya demasiado.
El colorido de la película, su desarrollo lento, la interpretación dual, y la comparación de dos mundos opuestos hacen de Barbie (2023) una oportunidad para el cine. Para que el cine, diga, de una vez por todas que las mujeres no son objetos de los hombres. Hollywood no quiso aprovechar esta oportunidad y no le concedió el oscar que se merecía. Quizá tod@s nosotr@s sí podamos dar ese oscar y empezar a cambiar de verdad, no de pico.
Salud y cuidaros.
Fahrenheit 451
No recuerdo el personaje social que afirmaba algo así: “Para dominar a un pueblo, lo primero que hay que hacer es adormecerlo.”. Si alguien puede indicarme el autor de esta frase, se lo agradecería enormemente (maolaya@maolaya.com).…
El visionario Ray Bradbury nos mostró un mundo distópico (que quizá quede poco para alcanzar) donde no interesaba que las personas tomaran conciencia de la realidad. Los libros eran quemados, curiosamente, por aquellos que debían apagar los fuegos. “Fahrenheit 451”.
Hay personas que no tienen ningún interés en que accedamos al conocimiento pasado. Thomas Jefferson afirmaba que había que conocer el pasado para no cometer los mismos errores que se habían cometido en él. Y uno de estos conocimientos es la lectura.
Yo nací en una época donde no existía Internet. Donde solo existía la caja tonta, que mareaba lo justo e informaba de cierto. Por mi formación académica, puedo decir que soy del gremio que puso los cimientos de las actuales “autopistas de la información”, esas redes que dicen ser sociales y que en muchos casos son burdas estafas propagandísticas.
Siempre fui un mal estudiante de las letras, he de reconocerlo. Sin embargo, y desde joven, tuve un interés inusitado por leer libros. Y como Bradbury no tenía dinero para comprarlos, por eso me pasaba horas en las bibliotecas municipales, leyendo, o sacando libros con el carné de la biblioteca.
En aquella época, años 70 del siglo pasado, el cine era otra de mis pasiones (sigue siéndola). La mayor parte de películas de aquel tiempo solían ser adaptaciones de libros. Es por esto que siempre he creído en una relación muy estrecha entre cine y literatura. Creo, sinceramente, que el cine es la gran puerta para acceder a la literatura.
Una de las películas que más me ha impactado en mi vida fue, sin duda, “El Fuego y la Palabra”, de Richard Brooks, con unos secundarios de lujo y unos actores principales de altos vuelos: Burt Lancaster y Jean Simmons. Burt Lancaster consiguió aquí, y no por casualidad, su única estatuilla de Hollywood.
El título orignal de esta película es el homónimo de la novela en la cual se basa: “Elmer Gantry (Burt Lancaster)”. Tengo ese libro guardado como oro en paño en mi biblioteca personal. Es una joya que me estimo con gran fruición.

Al tiempo de ver la película, descubrí al autor de la novela, un señor llamado Sinclair Lewis. Un autor que en estos días nadie siquiera habrá oído nombrar. Una pena.
Sinclair Lewis es uno de los autores imprescindibles de la literatura de todos los tiempos, que como otros, fue desacreditado por dorados vivarachos y abandonó su país porque, imagino, no se sentía querido allí. Murió en Roma.
Una casualidad (ver la película “El Fuego y la Palabra) hizo que pudiera conocer a esta figura literaria irrepetible que ensalzó a su país y denunció la corrupción y la deriva lamentable de un pueblo, el norteamericano, que siempre fue grande desde su construcción a base de cooperación entre sus gentes. Y que por culpa de unos cuantos, quizá esté perdiendo esa fuerza que supuso desde siempre la enjundia norteamericana de la lucha por la libertad.
Salud y cuidaros.
¿Mazón dimisión?
Todas las semanas paso por El Puente de la Ilusión, peatonal, que une Valencia con las zonas afectadas de la DANA del fatídico martes 29 de octubre de 2024. En él hay un vestigio de recuerdos sobre lo ocurrido aquella fecha. Cada semana, veo menos elementos recordativos. Pero aún queda una foto de una persona, con una inscripción que dice: “Fue asesinado el 29 de octubre.”.…
No seré yo quien inculpe o disculpe al Sr. Mazón, esta semana que llevamos oyendo noticias sobre su timing de acceso al CECOPI y vemos un circo mediático que a mí no me agrada en absoluto. Y hoy, sábado 1 de marzo, muchas voces se alzarán en una manifestación en Valencia sobre ello.
La tragedia se dio y me preocupan dos cuestiones. La primera: las vidas perdidas aquel día (que ya nadie las podrá recuperar) y el sufrimiento de sus familias, que claman justicia con toda razón. Esto, obviamente, me preocupa soberanamente. La cuestión del destrozo material parece ser que se está paliando poco a poco.
La otra cuestión que me preocupa es el resultado social de aquel día.
Después de que el Katrina arrasara New Orleans, se dieron todo tipo de latrocinios. Después de la Pandemia del Covid, se dieron todo tipo de latrocinios. Después de la DANA, esperemos que no se den este tipo de latrocinios. Pero no es esta cuestión la que me preocupa del resultado social de aquel día. Lo que me preocupa es que tanto después del Katrina, Pandemia del Covid, y otros desastres, la situación queda igual. No aprendemos.
Decía Zaratustra que sin cambio no es posible mejorar. Esto me preocupa. Hemos de exigir cambios. Y que esos cambios se den. De lo contrario, nos estaremos equivocando de nuevo.
Decía yo en un artículo anterior que no podemos olvidar. Sin embargo, la memoria suele ser perezosa, y tiende a desechar lo ocurrido. Y esa condición la conocen bien los acólitos institucionales. Se aprovechan de ella.
Yo sí recuerdo que después de la DANA sucedió una unión inmensa de los ciudadanos de este país. La recuerdo cada semana que paso por El Puente de la Ilusión. Y esta circunstancia ya no la veo. Y es necesaria para avanzar. Pues todas las personas estamos en el mismo barco de esta vida. Si olvidamos el pasado, olvidaremos a dónde vamos. Y nuevos desastres nos devastarán.
Que dimita o no el Sr. Mazón, o el Sr. Sánchez, sinceramente, me es indiferente. No podemos Olvidar. El timón de la vida no la pueden tener los acólitos institucionales, la debe tener la ciudadanía. Y a los responsables del desastre deberá ser la justicia quien les dé su merecido. La justicia que emana del clamor de las personas. L@s jueces honest@s.
Un beso muy fuerte para todas las familias que perdieron a sus seres queridos en esta tragedia. No vamos a Olvidar.
Salud y cuidaros.
Grease
“Grease is the time, is the place is the motion. Grease is the way we are feeling.”
Randal Kleiser firmó en el año 1978 esta película de culto. Y ya en la leyenda del cine.…
No necesita ninguna presentación. Se presenta ella sola, aunque quizá las nuevas generaciones no la hayan podido valorar. Lo cierto es que la volví a ver hace bien poco en la televisión pública española y volvió a encantarme. Hacía años que no la veía. Días después, y en una feria de pueblo, surgió ante mí la clásica foto de Sandy y Travolta.

La película se rodó en un instituto real y contiene multitud de anécdotas. Siendo una muy curiosa, ella tenía 29 años cuando se rodó la peli, y él 24. Personas ya universitarias de postín… Sin embargo, eso daba lo mismo, que unos actores, sobradamente post adolescentes, protagonizaran una peli de adolescentes. Lo importante de la peli es su título: Grease, cuya traducción trajo de calle a medio mundo que quiso trasponerlo a su idioma. Aquí, en España, simplemente, se respetó.
Grease era un emblema por la vida, la brillantina de una edad cuyo valor máximo era la ilusión. La gasolina de nuestras vidas. Es por ello que nunca te cansas de ver este film. Ves siempre la ilusión de unos jóvenes por vivir. Justo lo que ahora se empeñan unos cuantos hombres de negocios y sus acólitos institucionales en quitarnos día tras día.
Grease es un rumbo para todas aquellas personas que deseamos que llegue el día de mañana para poder disfrutar de él.
Que nadie nos pueda robar la ilusión por vivir.
Grease es el tiempo, el lugar, el movimiento. Es la forma con la que sentimos…
Salud y cuidaros.
Lecturas
Leí de Ray Bradbury que era un alma de biblioteca. Devoraba los libros sin parar. No es de extrañar que acabara siendo escritor y amara locamente la literatura y todo lo que ello suponía. Tampoco es de extrañar que su novela Fahrenheit 451 denunciara el progreso ya en el año 1953, en una sociedad ucrónica y perdida, venidera.…
Bradbury falleció en el año 2012. Él vivió los años iniciales de la decrepitud por la lectura. Las pantallas y el modernismo inundaban ya la vida de millones de personas. Y una máxima que alguien (no recuerdo su nombre) denunció sin cortapisas se iba cristalizando poco a poco. “Para dominar a una nación, lo primero es adormecerla”. En Fahrenheit 451 los bomberos quemaban libros, fuente de conocimiento universal. Palanca necesaria para adormecer a una sociedad.
La noticia que os paso en esta imagen me llena de alegría, aunque ciertamente, es difícil de creer. Sin embargo, no podemos perder esa ilusión. Leer. Y si de por medio tiran del carro las mujeres, la alegría es doble.
Salud y cuidaros.

Horizontes Perdidos
“Horizontes Perdidos” es un libro de James Hilton, con una adaptación cinematográfica inolvidable y legendaria llevada a cabo por el director Frank Capra.…
Capra no pudo dejar de realizar el film cuando leyó la novela. Horizontes Perdidos es ahora más que nunca un concepto actual y novedoso. Actual porque hemos perdido el norte y novedoso porque ya nadie recuerda el pasado.
El amigo triste, el progreso decadente, las noticias horribles y las prisas de ayer hacen más grande esta obra. No voy a contaros qué quisieron plasmar Hilton y Capra con el título de esta obra sublime. Eso lo tendréis que averiguar vosotr@s mism@s. Leyendo el libro o viendo la película. Dos documentos imprescindibles cada día más.
No sé cuál era el autor que denunciaba que para dominar a una nación, lo primero que había que hacer era adormecerla.
Horizontes Perdidos nos ayuda a entender mejor la vida. Para así poder afrontarla con honestidad y grandes dosis de felicidad.
Salud y cuidaros.
29 de octubre de 2024
El 29 de octubre de 2024, martes, pasé, con mi coche, por encima del barranco del Poyo sobre las 18.45, a la altura de Massanassa. Minutos más tarde, aquella zona se convirtió en un lago infernal.…
Yo pude salvar mi vida y mis bienes, pero muchos convecinos perecieron y una inmensidad de amigos, convecinos y algunos familiares sufrieron pérdidas materiales. Sus vidas se tornaron complejas y llenas de sufrimiento.
Hoy, 14 de enero de 2025, acabo de pasar por la fatídica CV-400. Siguen los vestigios de aquel desastre. Hileras interminables del ejército y la UME continúan yendo hacia la zona. Los trabajos de reparación persisten y algunos entendimientos desean que olvidemos lo ocurrido y pasemos página.
No olvidamos, no olvidaremos, no vamos a olvidar.
Salud y cuidaros.
25 de diciembre de 2024
Hoy es el día de Navidad del año corriente. Todo es felicidad y contento. Aunque hay lugares en el mundo que no comparten tal apreciación. Hemos de acordarnos que falta mucho por hacer en este ecúmene en el que habitamos.
¡Feliz Navidad! Hou, hou, hou…
Suele ser de interés que un autor, sea de la clase que sea, emita sus opiniones sobre cuestiones sociales.
Aquí intentaré poner, comedidamente, mis impresiones sobre diversas noticias que vayan surgiendo con el día a día.
No soy persona de valorar las noticias a la ligera. Tengo paciencia y me tomo mi tiempo. Porque tiempo habrá para emitir juicios de valor.
Gracias por leerme.
M. A. Olaya.
